Libros, libros y más libros. Si el saber no ocupa lugar toda esta información que recibo debería alojarse en mi cerebro, sin más. Pero no. Todo tiene que ser complicado porque si no la vida no sería para nada divertida. No lo entiendo. Retengo sin esfuerzo aparente diálogos de series, fechas estúpidas, cualidades informáticas o características de diferentes cámaras de fotos. ¿Es mucho pedirle a mi cerebro que coopere si estoy centrándome en un determinado temario? ¿Por qué se resiste a ayudarme? Es MI cerebro. Yo debería poder controlarlo en cierta medida. Nada. Imposible.Ahora, sin saber ni cómo ni por qué, me encuentro en la cocina con la cabeza metida en la alacena buscando algo de comer. Cené hace menos de una hora. Estómago, no es posible que tengas hambre de nuevo.
Bravo, mis ojos se niegan a seguir leyendo. No son ni las once y media, he dormido algo más de ocho horas y ayer me quedé hasta las dos de la madrugada leyendo comics y jugando a la videoconsola. Entonces no os cerrabais ni picabais, ¿eh? Se ve que las viñetas y la pantalla no son dañinas, pero estas páginas que intento leer deben de ser radiactivas.
¡Está bien! ¡Está bien! ¡Me acuesto! Ya has conseguido que me vaya a la cama. ¡Estarás contento! Pero mientras me deslizo entre las sábanas de algodón me gustaría decirte una cosa, querido cuerpo: mañana verás, mañana ve...

