Si prestas atención se pueden escuchar ecos del pasado que quedaron atrapados entre mármoles antiguos y pasamanos de caoba. Risas de niños correteando sobre suelos de tiempos inmemoriales, voces de vidas ajenas que el viento transporta caprichosamente de un lado a otro de los amplios corredores, rayos de sol recordando cálidas sombras de otras épocas que ya no volverán a proyectarse... Si permaneces atento puede que seas capaz de sentirlo, de experimentar todo aquello o de crear nuevos recuerdos. No te permitas ser un mero espectador tras una cortina de vidrio.
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Ecos
Si prestas atención se pueden escuchar ecos del pasado que quedaron atrapados entre mármoles antiguos y pasamanos de caoba. Risas de niños correteando sobre suelos de tiempos inmemoriales, voces de vidas ajenas que el viento transporta caprichosamente de un lado a otro de los amplios corredores, rayos de sol recordando cálidas sombras de otras épocas que ya no volverán a proyectarse... Si permaneces atento puede que seas capaz de sentirlo, de experimentar todo aquello o de crear nuevos recuerdos. No te permitas ser un mero espectador tras una cortina de vidrio.
Morfeo
Que algo o alguien me arranque de tus brazos siempre es una crueldad en cierto modo. Te quedas llamándome en la cama aún caliente mientras repito una serie de acciones cual autómata.Tu hermana se resiste a abandonar el cielo y eso oscurece algo más mi mecánico humor.
Sé que fuera parece que la vida comenzó hace ya unas horas, pero no es cierto. Las personas que veo a través de la ventana mientras desayuno de pie ni tan siquiera tienen que pensar en el rumbo a seguir, sus pies obedecen a una rutina marcada con mucha anterioridad.
En el momento en el que comienzo a caminar y puedo apreciar los primeros rayos que emanan del carro de tu otro hermano, mi ánimo mejora de forma leve.
Soy esclava de una rutina que no puedo alterar aunque debes saber que, durante unas horas, mi coaccionada voluntad anhela reunirse contigo aunque solo sean cinco minutos más.
Coffee
Miro el reloj engarzado en la férrea estructura de la pared, observo detenidamente cómo la manecilla más larga avanza de manera implacable. La mesa delante de la que me encuentro comienza a temblar poseída por la vida que parece haber cobrado mi pierna derecha. Mis manos juguetean divertidas con la página 73 de un libro que desconoce su misión. El choque de dos cubitos de hielo desvía mi mirada hacia el vaso que los contiene, mirada que pasa por dicha página sin curiosidad alguna para volver a fijarse en la esfera que es ahora todo mi universo.Entonces se abre la puerta y aparece saludando a todos los presentes. Mi pierna se detiene, se me escapa una mirada furtiva que se cruza con la suya y, en ese momento exacto, la página 73 de la encuadernación en mis manos pasa a ser todo mi universo. Día tras día, mi universo varía del reloj al libro; en sus páginas la emoción y la desilusión se mezclan intentando encontrar el valor que parece no me inundará jamás.
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